Abril M
Nada pasa. Se posan los helicópteros al sol y al silbar de las crines. Se extinguen los incendios del verano; arden tierra adentro: hacia las serpientes y los topos, hacia el agua quieta y el animal innombrable pero grandioso, que espera con los ojos entreabiertos, como si fuera a elevarse ahora para oler el otoño. Pasa el primer pájaro, el no nacido, el de las trompas lejanas, el dorado. Nada sin embargo, salvo esta profundidad.

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