No un poema, sino el verano silencioso. En el peso de la madera permanece la potencia del ser: los peces reviven con un roce: planeadores negros, planeadores lanzándose contra el agua. Desde el océano, acude una guerra, el hueco de un glaciar, todo el calor: ese pájaro con miedo. Nada se escucha: alguien lija la roda, se clava la astilla: regresa pronto al bosque, al olor escondido de la leña: construir iglesias, casas, tallar mástiles.

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