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Hay otra forma de desaparecer: El viento en el trigal cuando aún verdea. Siente primero la aspereza de la espiga, un punto de furia al contraluz. Sabe que todo se seca, que se llamará mies y hoz. Pegado a la tierra,  en esa oscuridad, reconoce las camas de los corzos, topillos, el oro de julio, el de los zorros. Que habrá pan y silencio.

El amigo

Resiste el páncreas
Lo han apuntalado
Así se apuntala una mina
O una casa que parpadea
Sostenido no como un corazón
Sino apretando su tejido
Algo como un petirrojo entre las manos
Entonces el amigo vive
En el palo que muerde
Por el dolor la morfina
Bajo el ciclo de la misma luna
Ha vuelto a su calle
Al ladrido de su perro
La felicidad de la vena
Los trabajos y los días
El amigo
En este azul a lo lejos
En el hilo claro de hoy

 

 

 

Abril M
Nada pasa. Se posan los helicópteros al sol y al silbar de las crines. Se extinguen los incendios del verano; arden tierra adentro: hacia las serpientes y los topos, hacia el agua quieta y el animal innombrable pero grandioso, que espera con los ojos entreabiertos, como si fuera a elevarse ahora para oler el otoño. Pasa el primer pájaro, el no nacido, el de las trompas lejanas, el dorado. Nada sin embargo, salvo esta profundidad.